Pero el viernes pasado mi falta de previsión se convirtió en un alivio al ver como el espacio aéreo español quedaba totalmente cerrado y la perspectiva de hacer 800km hacia el sur francés se hacía más apetecible, sobre todo al saber que un amigo nos acompañaría, ya que su vuelo no pudo salir.
Así que, con el maletero lleno de ropa de abrigo como si fuéramos a Siberia, nos montamos en el coche y salimos de Madrid hacia la Galia.
El viaje se hizo muy agradable, risas, música, conversaciones de todo tipo, paradas para estirar las piernas y turnarnos al volante, comida en el McDonald’s de Irún, fotografías de los Pirineos franceses desde el coche, exclamaciones de asombro ante la visión de los enormes “riachuelos” que íbamos atravesando, paisajes bucólicos…
Después de casi 10 horas por fin llegamos a la capital de la región de Midi-Pyréneés. Ducha rápida y salida del hotel destino al restaurante donde nos esperaba Olivier.
La estancia no pudo ser más productiva. Paseamos por la ciudad, muy bonita y cómoda por cierto, vimos un concierto de música de cámara en la Basílica de la Dourade,



Visitamos Carcassonne, curiosa ciudad medieval amurallada tan turística que prácticamente es un parque temático Medievo,

nos reímos con Madame Carcas y su cerdo atiborrado de trigo, por supuesto comimos el típico cassoulet, que nos dejó casi tan atiborrados como el cerdo de Madame Carcas.
De vuelta a la madre patria paramos en Saint Jean de Luz, precioso pueblo del País Vasco-Francés, donde compramos unas cuantas botellas de vino, libros sobre los reyes franceses y comimos unas chapatas de lomo a la plancha, cebolla caramelizada, queso fundido y bacon de cagatelorito!!
Ya en Miranda de Ebro nos dimos cuenta de lo mucho que cambia el paisaje cuando entras en la meseta castellana. Donde antes había bosques y ríos caudalosos, en cuestión de pocos kilómetros nos encontrábamos con paisajes casi desiertos, pueblos con olor a estiércol y una triste sensación de fin de unas buenas minivaciones de invierno.En fin, solo queda esperar otra escapada, que aunque sea corta y haya que hacerse 1.700km, vale la pena muy mucho.







