Anoche, hablando con un amigo, me hizo un comentario relativo a las relaciones y a la búsqueda de ese alguien especial que todos deseamos tener que me hizo pensar.
Él comparó la indecisión que se puede tener a la hora de conocer a alguien con la vivienda. Es decir, dijo algo como “un día ves un piso que te gusta y en el que crees que podrías sentirte cómodo, pero sin embargo no puedes evitar pensar cómo te hubieras sentido en los otros pisos que tienes pendientes de ver, creándote indecisión y haciendo que te pases la vida visitando otras casas…”
Yo, personalmente, entiendo esto, y todos, en algún momento de nuestra vida hemos ido de puerta en puerta esperando encontrar ese ático con terraza y vistas donde sentirnos bien y pasar mucho tiempo en él.
El problema, y supongo que esto nos ha pasado a todos, es que si en algún momento te das cuenta de que el piso que querías era en el que pasaste una temporada y que rechazaste para seguir visitando otros, cuando quieres volver puedes encontrarte que ya está habitado…
Y esto me hace preguntarme ¿es mejor seguir tu instinto y quedarte con el primer piso que encuentras y que te gusta o, por el contrario, es mejor probar y probar a pesar del riesgo a volverte tan exigente que cada día sea más difícil encontrar un lugar adecuado?
Yo, afortunadamente, y después de un mal periodo de adaptación, al fin me siento muy cómodo y a gusto en mi casa y ahora estoy encantado.


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